10.1.13

De las culturas y el sentir...


No sé si esto es dominio de la filología, la antropología o la sociología. La cosa es que ahora luego de aprender un poco de otros idiomas y compartir con personas de diferentes culturas, encontré algo maravilloso con respecto al verbo sentir.

Sentir: Experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas.
RAE, http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=sent%ED

El verbo viene del latín sentīre, y existe por igual en el español, italiano y francés (seguro también en el portugués);  y aunque el significado de base es el mismo en todos, la forma en la que se utiliza cotidianamente cambia mucho de una cultura a la otra.

En Francia, encontré que sentir está especialmente ligado al sentido del olfato: oler y aspirar. Porque aunque no lo crean este sentido es primordial en la forma de ser francesa: disfrutar un vino, un queso o un perfume empieza en la nariz, el sabor nace en el aroma. Yo sé que es contradictorio considerando los hábitos higiénicos de algunos galos, pero la chucha también hace parte del sentir y dejar ser bleu.

Con los italianos aprendí que sentir es escuchar. No oír, sino escuchar. Esos seres hiperbólicos y ruidosos, cuando quieren realmente hacerse entender, piden ser sentidos. Es un llamado de atención, la alarma para algo importante: Senti!

Por último, está el sentir español- latino, para mí ligado principalmente a dos cosas:
  • El Tacto, el sentir de la piel, de la piel con piel, del frío, del calor, de la delicadeza y la aspereza.
  •  El sentir del alma, del dolor y ocasionalmente la alegría. Las novelas, nuestros boleros y ritmos, todo un solo sentir. Sentir y ser.

En los tres casos, el verbo sentir está ligado con algo fundamental para cada una de estas culturas, cosas que no solo las representan ante otras, pero que además son motivo de orgullo entre sus miembros. Mundo tangible e intangible ligados al ser y sentir simultáneamente.

Reconocer estas diferencias me ha hecho pensar en cómo pertenecer va más allá del lenguaje, depende de la forma que percibimos el mundo. Nuestra cultura es el resultado de nuestro ser, tanto como nosotros somos resultado de ella.

¿Ustedes cómo sienten? ¿Cuál es su sentir primordial?

Nota 1: Esta entrada duró en forma de borrador algunos años.
Nota 2: Me habría sido muy útil saber más de filosofía para poder comentar más y mejor en esta entrada. Una lástima. 

7.1.13

EL QUE NO SALTE, ES “ ”… !!!!


Cuando entré a estudiar a la Universidad Nacional, recuerdo que mi familia me dijo dos cosas:
  1. Felicitaciones, aprovecha
  2. La nacho es Colombia a escala.

La segunda parte se quedó conmigo hasta ahora, no solo por todas las historias y variados personajes  que conocí mientras estudiaba, sino por mis recuerdos de tiempos de protesta,  confrontación política y guerra campal, tan familiares para los estudiantes de universidad pública criolla.

De esos momentos, aprendí, por encima de cualquier otra cosa que para ser colombiano es necesario ir al extremo, olvidar los puntos medios y entregarse a una ideología con cuerpo y alma.
- Crees en la justicia social = eres un maldito guerrillero, mamerto (y seguro mariguanero)-
-¿No apoyas tirar piedra? Facho de mierda! -

Así, en esos términos, porque si todo tu ser está entregado a una corriente, para sobrevivir hay que acabar con todas las otras. Como abejas, vencer o morir, o las dos al tiempo sino queda de otra. Hay que tomar bandos y definirse porque la guerra es a muerte y no hay tregua.

-“El que no salte es Uribista!!!!” - “El que no grite es guerrillero!!”-

Hoy la lucha es Petro y Bogotá, el tema que me tiene obsesionado desde que volví a mi ciudad y la encontré sin alma. Y sí, yo soy de los que culpa a Petro  por sus decisiones a la ligera, problemas administrativos, falta de impacto cultural y espíritu divisionista. Sin embargo reconozco la importancia de medias como la prohibición al porte de armas y aportes a la educación de su gobierno.

Está posición me ha llevado a discutir con varias personas que todavía apoyan a Petro, y aunque algunas se han mostrado abiertas y con espíritu crítico, en general la respuesta ha sido tildarme de amigo de las mafias paramilitares, asesino de toros por diversión y enemigo de la clase trabajadora (facho de mierda!).

Lo interesante ahora que el movimiento para revocar al mandato parece tomar inercia (una medida que considero podría propiciar un cambio positivo en la forma de tomar decisiones, con el riesgo de exaltar el espíritu caudillista del burgomaestre*), veo que la invitación fue hecha principalmente a esos colombianos divinamente, de bien, que tres o cuatro veces al día evocan la falta de valores familiares como nuestro más grande problema (el hambre, qué!). Todos sabemos quienes son; es un bando bien definido.

Entonces, ¿qué carajos puedo hacer sino quiero ser ni de los unos ni de los otros? cuando pienso que el alcalde acaba con lo que queda, pero no estoy dispuesto a prender veladoras a Uribe y/o Ordoñez?
Pienso, pero lo único que suena en mi cabeza es un estribillo ensordecedor:

EL QUE NO ODIE! NO ES COLOMBIANO!

Me aterra.
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*No puedo creer que use esa palabra en uno de mis escritos, regular-songos y faltos de tildes.